Juicio público a lo privado

Juicio público a lo privado

  • 21/12/2016 16:40
  • Carlos Jiménez
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Reconozco, que en mi tiempo de ocio, me he emborrachado en alguna ocasión. Confieso, que tras alguna noche que se ha alargado más de lo esperado, me he duchado y he acudido a mi puesto de trabajo sin dormir. Admito, que en algún encuentro con amigos, familiares o compañeros de trabajo, me he tomado alguna copa de más.

Hasta ayer, todos estos hechos nunca me había preocupado. Pensaba que era un tipo normal que hacía lo que hacían el resto de mis congéneres. Alguien que no se salía de la media nacional. Además, pensaba que daba igual que quien lo llevara a cabo fuera médico, camarero, abogada, mecánico, conductora de autobuses, monitor o ingeniera. Sin embargo, tras lo leído, escuchado y visto tras la aparición del polémico vídeo grabado al futbolista Parejo durante una noche de fiesta, solo puedo sacar la conclusión de que soy el único que ha hecho estas cosas en alguna ocasión. Bueno, yo y el centrocampista del Valencia.

Reconozco que las reacciones que se han producido al respecto no me han sorprendido lo más mínimo. Lo contrario, en un país cainita como es el nuestro, hubiera sido noticia. El juicio sumarísimo, sin posibilidad ninguna de defensa, al que se ha sometido al jugador ché no tiene nada que envidiar a los que se vivieron en España en el primer tercio del Siglo XX. Su celebración, teniendo como sala del juicio público los medios de comunicación y las redes sociales, me ha rememorado a la época más gloriosa donde se impartía justicia en las ágoras de las ciudades del Imperio Romano.

Todos han censurado su conducta de manera gratuita. Pocos se han resistido a participar en el linchamiento público. La mayoría se ha llenado la boca de palabras como ética, profesionalidad o imagen colocadas en frases vacías de contenido sin saber probablemente el significado de éstas. Ni siquiera la aparición de Parejo pidiendo perdón a sus compañeros, al club y a sus aficionados ha mitigado el castigo sobre su persona. Todos han antepuesto, no sé de que manual de estilo lo habrán sacado, que el hecho de ser un personaje público estaba por delante de la persona que hay detrás. Nadie ha caído en que una persona, cómo yo pensaba antes de todo lo ocurrido, podía hacer libremente lo que quisiera en su vida íntima.

Ante todo lo acontecido, solo se me ocurre una pregunta: ¿Cuál de las dos caras de España ha hablado? ¿La que hace lo que dice o la que dice lo que hace? Quienes han hablado pertenecen a ese grupo que afirmar ser en un 80 % fieles a sus parejas o al 75 % verdadero que ha engañado a las mismas según los datos oficiales. O quienes se han pronunciado son esa amplísima mayoría que critica y condena públicamente el consumo de drogas o los que verdaderamente tienen a España en los primeros puestos en adquisición de sustancias estupefacientes. O quienes han criticado todo esto son del gran grupo que hacen que el sexo sea un tema tabú y cargado de estigmas sociales retrógrados o de los que impulsan con sus búsquedas en Internet que sea el término más demandando en los buscadores. Al final, seguro que han hablado ambas. Porque los primeros son los segundos y viceversa. Porque en este país siempre ha estado de moda aquello de ‘A Dios rogando y con el mazo dando’ y  nunca se ha aceptado esa realidad que reza ‘En todas partes cuecen habas’.

Mi opinión sobre el tema es muy clara: Parejo es un jugador que en pocas ocasiones se ha escondido sobre un terreno de juego, cuya calidad esta fuera de todo debate; un futbolista que en los últimos seis años en la ciudad del Turia ha demostrado toda su profesionalidad y respeto hacia la entidad que representa; y una persona, porque no nos olvidemos que antes que futbolista es una persona, que, independientemente de su situación personal o familiar, no se ha borrado nunca de su puesto de trabajo. Si alguien esperaba que en este artículo diese mi opinión o emitiera mi juicio, lo que no entiendo ya que no soy juez, sobre lo que se ve en las imágenes del vídeo difundido, que no cuente conmigo.

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