Los nervios son más rápidos que la paciencia

Los nervios son más rápidos que la paciencia

  • 03/10/2016 19:43
  • Carlos Jiménez
  • 1 Comentarios

Que en España los clubes de fútbol tienen poca paciencia con los entrenadores, ya lo sabemos. Que los resultados siempre se anteponen a los proyectos deportivos, ya lo tenemos asumido. Sin embrago, la crisis económica parecía haber reducido el ímpetu de los presidentes a la hora de cambiar el inquilino del banquillo ante una mala racha. Algo pasajero. La recuperación que parece comienzan a vivir las arcas de los equipos se ha traducido en que las directivas del balompié profesional vuelvan a tener el gatillo fácil. Demasiado fácil.

Cuando apenas se ha cumplido mes y medio de competición, siete jornadas del campeonato doméstico, ya han caído los tres primeros técnicos. Desde la semana pasada, Pako Ayestarán, Paco Jémez y Juan Eduardo Esnaider han pasado a engrosar las listas de la empresa con más trabajadores en este país: el INEM. Ni los dos técnicos españoles ni el entrenador argentino parecen haber convencido con su trabajo a los gerifaltes del Valencia, el Granada y el Getafe, respectivamente. Quizá no han tenido ni tiempo para ello.

En todas las ruedas de prensa posteriores al cambio de entrenador, se han repetido las mismas frases: “Me duele mucho la decisión que he tomado, pero tenía que tomarla”, “El equipo necesitaba una reacción”, “La puntuación no es la que deberíamos tener” o “No he hablado con nadie, pero espero que pronto esté el nuevo entrenador”. Lo de siempre. Cuando ocuparon el banquillo, también escuchamos las mismas afirmaciones: “Es la persona adecuada para nuestro proyecto”, “El entrenador tiene toda nuestra confianza” o “Nunca tomaremos decisiones precipitadas”. Las de siempre.

Como suele suceder, la cuerda siempre se rompe por el lado más débil. Es más fácil cesar a uno que echar a veinte, dirán algunos. Deberían dimitir los de arriba y reconocer el fracaso de su proyecto deportivo, expondrán otros. Efectivamente, nunca se prescinde de los jugadores, quienes, al fin al cabo, son los responsables finales de los resultados sobre el terreno de juego. Tampoco los presidentes y miembros de las juntas directivas dimiten, cuando precisamente son ellos quienes escogieron a los que cesan.

Elijamos el tópico que elijamos, los entrenadores seguirán siendo los primeros en salir cuando se intenta enderezar el rumbo en un club. Es algo tan viejo como el propio fútbol. Ayestarán, Jémez y Esnaider no serán los últimos en ser cesados esta temporada. A pesar de estar en las primeras semanas de competición, son varios los técnicos que ya tienen la Espada de Damocles sobre su cabeza.

Los entrenadores lo aceptan como una parte más de su profesión. Han asumido con total naturalidad lo que es trabajar día a día con el ‘run-run’ de la directiva, la grada y la prensa sobre su labor. El día que a los siguientes en caer les toque hacer las maletas saben lo que escucharán: “Es más fácil prescindir del técnico que echar a veinte jugadores”, “Es una decisión muy difícil, pero había que tomarla”, “Se nos va un gran entrenador y una mejor persona”, “Los resultados son los que mandan” o “Estamos seguros de que en un futuro obtendrá los éxitos que aquí no ha tenido”. Lo de siempre.

El pasado curso, un total de diez técnicos en Primera División y quince entrenadores en la categoría de plata no acabaron la temporada en las dos principales ligas del fútbol profesional español. Esta campaña, donde los nervios parecen haberse alterado antes de lo normal y han sido más rápidos que la paciencia, la cifra puede aumentar cuando se haga el recuento de las cabezas cortadas el próximo mes de mayo. Todos ellos serán sustituidos por un camarada que a su llegada será recibido con un clásico: “Es el más adecuado para salvar el proyecto y lograr los objetivos marcados”. Cuando se vayan, también saben las afirmaciones con las que les dirán adiós. Las de siempre.

1 Comentarios

  • 25/10/2016 20:44

    Efectivamente, un clásico que se repite temporada tras temporada. Los equipos tienen muy poca paciencia con los entrenadores.

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